viernes, 29 de diciembre de 2017

Albañiles chinos hallan 30 huevos de dinosaurio de hace 130 millones de años

En la ciudad china de Ganzhou, conocida localmente como ‘La ciudad natal de los dinosaurios’, se han encontrado alrededor de 30 huevos de dinosaurio de los cuales se calcula que tiene más de 130 millones de años. El hallazgo ha tenido lugar en medio de la obras de construcción de un instituto.

People's Daily Online/ChinaNews
Un grupo de albañiles que trabajaban en un terreno en construcción, en la ciudad de Ganzhou, en China, han descubierto una treintena de huevos de dinosaurio perfectamente conservados.

Nada más toparse con dicho hallazgo, los trabajadores alertaron a la policía quien inmediatamente llamó a un grupo de arqueólogos que han datado los huevos en más de 130 millones de años, según informa DailyMail.

Los albañiles, quienes trabajaban para construir un instituto en la ciudad, descubrieron un grupo de “piedras ovaladas” algo inusuales mientras estaban dinamitando el suelo.


Según expertos del Museo del Condado de Dayu, los huevos fosilizados pertenecen al período Cretácico, el último período de la era de los dinosaurios.

Ganzhou es una ciudad situada al sudeste de China que se ha coronado como ‘La ciudad natal de los dinosaurios’, ya que son varios los hallazgos de fósiles de dinosaurios que se han hecho en esta zona.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

sábado, 23 de diciembre de 2017

HORARIO MUSEO DE DINOSAURIOS FIESTAS NAVIDEÑAS

¡Desde la Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y León y el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes os deseamos unas Felices Fiestas Navideñas!

¡¡¡Y MUY FELIZ 2018!!!

El Museo de Dinosaurios estará abierto en su horario habitual, salvo los días 24, 25, y 31 de diciembre de 2017 y, el 1 y 6 de enero de 2018, que permanecerá cerrado por fiestas navideñas.

¡OS ESPERAMOS!

Los pterodáctilos no, los pájaros sí: por qué es tan difícil saber qué es un dinosaurio

El grupo de los dinosaurios incluye una gran variedad de especies que a los paleontólogos les cuesta clasificar y distinguir de otros animales. Películas como las de la saga ‘Jurassic Park’ tampoco ayudan a que tengamos claro cuáles son los verdaderos miembros de la familia.

No todas las criaturas prehistóricas con apariencia de reptiles son dinosaurios | 
Visualhunt
El megalosaurio fue el primer dinosaurio descrito: lo bautizó con ese nombre el naturalista y paleontólogo francés Gideon Mantell en 1827. El mismo que había descubierto poco antes el primer fósil perteneciente a uno de estos grandes reptiles, dientes de iguanodonte. Aunque daban pasos en la buena dirección, los científicos de aquella época veían a estos animales prehistóricos como enormes lagartos similares a una iguana o un cocodrilo. No sabían qué eran exactamente ni cómo estaban relacionados entre sí.

Si bien se han descubierto desde entonces innumerables vestigios de estos antiguos saurios, los hallazgos no siempre han ayudado a aclarar las cosas. El biólogo Richard Owen acuñó el término dinosaurio en el siglo XIX en base a ciertas características que compartían estas criaturas, sin embargo, aún es difícil distinguir qué animales pertenecen a este grupo y cuáles no.

Del tricerátops al gorrión

Recreación del ‘Halszkaraptor escuilliei’, un dinosaurio anfibio con 
apariencia de pato | Universidad de Bolonia/Lukas Panzarin/Andrea Cau
Uno de los factores que complica la tarea de definir el concepto es la gran variabilidad que encierra. Los paleontólogos han descubierto más de un millar de especies de dinosaurios no aviares con todo tipo de tamaños y atributos como cuernos, crestas y largos cuellos.

La mayoría eran terrestres, pero había incluso anfibios. El linaje que conquistó los cielos ha evolucionado hasta dar lugar a las aves de hoy en día. Como lo lees: palomas y gorriones pertenecen al único grupo de dinosaurio que sigue vivo.

Todos ellos, desde los más antiguos a los más modernos, tienen un ancestro en común y, por tanto, comparten ciertas características. Por ejemplo, ponen huevos y, en caso de tener dientes, renuevan su dentadura durante toda la vida. Pero para distinguir a este grupo (los ‘Dinosauria’) del árbol de familia de los reptiles es necesario tomar una perspectiva evolutiva y viajar del presente al pasado o viceversa de ancestro en ancestro.

Con la vista puesta en la antigüedad, los huesos de la cadera permiten diferenciar a los dinosaurios de otras especies y dividirlos en dos facciones: los saurisquios —con caderas de lagarto— y los ornitisquios —con caderas de ave—. Además, para distinguir un dinosaurio de otro tipo de animal, puedes fijarte en cómo el hueso del muslo se encaja en la cadera: si gira hacia dentro, pertenece a la familia.

No te creas lo que ves en las pelis

A pesar de estar aún algo borroso, el concepto de dinosaurio es una noción científica y no un producto de la cultura popular. Por mucho que esta se haya empeñado en representar a estos grandes reptiles, no siempre lo hace con acierto. Algunas de las imágenes que nos muestran las producciones hollywoodienses son confusas y se alejan de la realidad dibujada por los paleontólogos.

Incluso en las películas de la saga ‘Jurassic Park’ aparecen dinosaurios y animales de otras especies conviviendo como si nada. Sus creadores tampoco tienen en cuenta el tiempo geológico al que pertenecen las distintas criaturas. Algunas caminan junto con los míticos estegosaurios, a pesar de que estos vivieron solo a finales del Jurásico.

Estos reptiles alados de ‘Jurassic Park’ pertenecen a un género de pterosaurios, 
pero no son dinosaurios | Jurassicworlduniverse.com
El ’Dimetrodon’ —muy parecido a una iguana con cresta— se confunde frecuentemente en la cultura popular con un dinosaurio, pero en realidad vivió al menos 40 millones de años antes de su aparición. Tampoco los famosos pterosaurios, más conocidos como pterodáctilos, pertenecen a la familia: son en realidad primos lejanos de los dinosaurios, aunque sí es cierto que convivieron con ellos.

Un tira y afloja científico

Pero ni siquiera los paleontólogos acaban de ponerse de acuerdo y llevan décadas añadiendo, quitando y reordenando las ramas del árbol evolutivo de los dinosaurios.

La idea más aceptada es que son un grupo caracterizado por ciertos rasgos y un ancestro en común y que los saurisquios y los ornitisquios conforman sus dos principales linajes, descritos por el paleontólogo británico Harry Govier a finales del siglo XIX.

Sin embargo, de vez en cuando surge algún estudio que da un vuelco a esta clasificación, como el publicado a principios de este mismo año en ‘Nature’. Aunque su hipótesis, que reformulaba estas dos ramas, no ha sido muy bien acogida entre los científicos, sus autores esperan que sirva para inspirar nuevos análisis.

A pesar de llenar libros de texto y museos, los dinosaurios siguen guardando muchos secretos. Pero quizá sea precisamente ese halo de misterio el que seduzca a los amantes de estos extintos reptiles.

La garrapata más antigua del mundo es española y ha sido hallada en El Soplao

La nueva pieza de ámbar hallada en Cantabria es algo «excepcional» porque además «contiene más de cuarenta insectos, restos vegetales y algunas partículas del suelo en el que cayó», ha explicado Enrique Peñalver.

Científicos españoles han descubierto en el yacimiento de ámbar de El Soplao (Cantabria) un ejemplar de garrapata que es «seis millones de años más antigua» que las encontradas en Birmania, en las que se hallaron evidencias de la relación de parasitismo entre las garrapatas y los dinosaurios hace 100 millones de años, y que ahora «es el ejemplar más antiguo del mundo».

Así lo han puesto de manifiesto este miércoles los científicos Antonio Arillo, de la Universidad Complutense de Madrid; Xavier Delclos, de la Universitat de Barcelona; y el doctor Enrique Peñalver, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), durante la presentación en España de la garrapata de Birmania conservada en ámbar, cuya especie ha sido bautizada como ‘Deinocroton draculi’, que ha demostrado la coexistencia parasitaria con dinosaurios. «En el ámbar de España hemos encontrado, en el yacimiento de El Soplao en Cantabria, una garrapata seis millones de años más antigua que las de Birmania, es el ejemplar más antiguo del mundo. Este ejemplar es excepcional, está lleno de insectos», ha asegurado el doctor Peñalver, destacando que esta información «novedosa» todavía «no está publicada» porque faltan algunos detalles, como ponerle nombre a la «nueva especie».

Concretamente, los expertos han afirmado que la pieza de ámbar contiene «aproximadamente 40 bichos y restos vegetales» junto a la garrapata española. «Probablemente la garrapata se cayó de su huésped de un árbol», ha comentado Peñalver.

«Es un ejemplar muy pequeño que no está dando muchos problemas para su estudio. Hemos conseguido ver algunas partes de la superficie de la garrapata y comprender parte de su anatomía», ha explicado el científico, al tiempo que ha subrayado que «parece ser» que la garrapata española «sería de la misma familia que las de Birmania».

«Los palpos de la nueva familia son muy extraños y este ejemplar tendría los palpos de la nueva familia. Ahora la investigación es buscar ejemplares que estén perfectamente encapsulados y que no nos den ningún problema, para que no haya ninguna otra fuente de hierro que no sea el de la hemoglobina de la sangre que chupaban», ha apuntado Peñalver.

La presentación de estas piezas de ámbar en España se enmarca en la exposición ‘Amberia: El ámbar de Iberia’, que se podrá visitar en el Museo Geominero desde el próximo 22 de diciembre hasta el 25 de septiembre de 2018. 

UN EJEMPLAR QUE ES UN «TESORO» AMERICANO. «El ejemplar es un tesoro de Norte América, son los referentes de una nueva familia de garrapata. Nos lo han mandado para la investigación y lo tenemos que llevar el año que viene», ha señalado Peñalver, en referencia a las piezas encontradas en Birmania, pertenecientes al Museo Americano. Además, ha añadido que la pluma que hay en el ámbar «es de un dinosaurio emplumado». «Que la garrapata esté agarrada a la pluma es evidente lo que pasó. Podemos relacionar estas garrapatas con los dinosaurios por cuestiones directas o indirectas», ha precisado el experto, destacando que lo «bueno» hubiese sido «encontrar algún tipo de evidencia de sangre» en los ejemplares. En la misma línea, Xavier Delclos ha manifestado que un ejemplar de garrapata con una pluma de dinosaurio «sólo hay uno en el mundo», y que las probabilidades de volver a encontrar otro «son bastante reducidas».

«Directamente no se puede analizar la sangre, pero sí podíamos intentar buscar algún elemento, en este caso el hierro, que nos permitiera aseverar la existencia de esta sangre de dinosaurio. Se observó que en el interior de las garrapatas había sulfuro de hierro, que no sabíamos si era porque había pirita o sangre», ha explicado el investigador.

Por su parte, Antonio Arillo ha señalado que la relación de estas garrapatas con los dinosaurios emplumados es «una mezcla de pruebas directas e indirectas». «Una garrapata aparece asociada a una pluma. Estos ejemplares son increíbles de bien conservados», ha concretado.

Precisamente, ha apuntado que «se aprecia» el órgano de Haller, que «es el mecanismo que tienen las garrapatas para detectar a sus huéspedes».

viernes, 22 de diciembre de 2017

El origen de la fotosíntesis se data en 1.250 millones de años

La base de la fotosíntesis en las plantas de hoy en día se estableció hace 1.250 millones de años, según el examen de los fósiles de algas más antiguos del mundo.   

TIMOTHY GIBSON
El estudio realizado por la McGill University, publicado en la revista Geology, podría resolver un antiguo misterio sobre la edad de las algas fosilizadas Bangiomorpha pubescens, que se descubrieron por primera vez en rocas en el Ártico canadiense en 1990.

Se cree que el organismo microscópico es el más antiguo conocido antepasado de las plantas y los animales modernos, pero su edad apenas estaba fechada, con estimaciones que la sitúan en algún lugar entre 720 millones y 1.200 millones de años. 

Para determinar la edad de los fósiles, los investigadores acamparon en una zona escarpada de la remota isla de Baffin, donde se encontraron fósiles de Bangiomorpha pubescens. A pesar de la ventisca de agosto y los vientos que derribaron las tiendas, recolectaron muestras de pizarra negra de las capas de roca que contienen los fósiles del alga. Usando la técnica de datación de renio-osmio (o Re-Os), aplicada cada vez más a las rocas sedimentarias en los últimos años, determinaron que las rocas tienen 1.047 millones de años.

"Eso es 150 millones de años más joven que las estimaciones comunes, y confirma que este fósil es espectacular", dice en un comunicado Galen Halverson, autor principal del estudio y profesor asociado en el Departamento de Ciencias Planetarias y Tierra de McGill. "Esto permitirá a los científicos hacer evaluaciones más precisas de la evolución temprana de eucariotas", los organismos celulares que incluyen plantas y animales.

Debido a que Bangiomorpha pubescens es casi idéntica a las algas rojas modernas, los científicos han determinado previamente que las algas antiguas, al igual que las plantas verdes, usan la luz solar para sintetizar nutrientes del dióxido de carbono y el agua. Los científicos también han establecido que el cloroplasto, la estructura en las células vegetales que es el sitio de la fotosíntesis, se creó cuando un eucariota engulló hace mucho tiempo una bacteria simple que era fotosintética. El eucariota logró transmitir ese ADN a sus descendientes, incluidas las plantas y los árboles que producen la mayor parte de la biomasa mundial en la actualidad.    

Una vez que los investigadores calcularon la edad de los fósiles en 1.047 millones de años, conectaron esa cifra en un "reloj molecular", un modelo de computadora utilizado para calcular eventos evolutivos basados en las tasas de mutaciones genéticas. Su conclusión: el cloroplasto debe haberse incorporado a las eucariotas hace aproximadamente 1.250 millones de años.

Descubren un plesiosaurio de 150 millones de años en la Antártida

Se trata de un reptil marino carnívoro que superaba los seis metros de longitud.

Fue descubierto en la Península Antártica, en un nuevo yacimiento paleontológico ubicado 113 kilómetros al sudoeste de la Base Marambio.

El paleontólogo José Patricio O’Gorman, investigador del Museo de la Plata (MLP) y del CONICET, comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “este registro de plesiosaurio es 80 millones de años más antiguo que lo que se tenía conocimiento para la Antártida”.

“Fue la primera campaña paleontológica que realizamos en este afloramiento que es como un mar congelado de 150 millones de años en un excelente estado de conservación”, destacó el autor principal del estudio que fue aceptado para ser publicado en la revista científica Comptes Rendus Palevol.

La doctora Soledad Gouiric Cavalli, especialista del MLP y del CONICET en el estudio de peces del Jurásico, indicó que “al caminar por el yacimiento se encuentra una gran diversidad de peces, amonites, algunos bivalvos, pero no esperábamos encontrar un plesiosaurio de tal antigüedad; fue sorprendente”.

“El hallazgo es bastante extraordinario, porque el yacimiento no posee el tipo de rocas en las que se puede encontrar materiales preservados en tres dimensiones, como es el caso de las vértebras de este reptil marino”, explicó la investigadora.

A este afloramiento del Jurásico de cuatro kilómetros de largo por dos kilómetros de ancho solo se puede llegar tras dos horas de vuelo en helicóptero desde la Base Marambio, por lo que los investigadores remarcaron la logística impulsada por el Instituto Antártico Argentino (IAA).

Allí, durante la campaña antártica de verano de 2016, acamparon 40 días la doctora Gouiric Cavalli, el doctor José O’Gorman y los técnicos Juan José Moly y Leonel Acosta Burllaile. “Fue muy emocionante llegar allí, a un sitio que nadie había pisado en 23 años”, relató O’Gorman.

“Es el lugar más alejado a donde hemos llegado con las campañas de paleontología de vertebrados en la Antártida”, valoró la doctora Soledad Gouiric Cavalli. Y añadió: “Las campañas argentinas se suelen realizar en inmediaciones a la Base Marambio (en las islas Marambio, James Ross y Vega), pero aquí hemos ampliado bastante el rango de acción y tenemos el interés de ir a sitios aun más alejados”.

EL MUNDO HACE 150 MILLONES DE AÑOS

El doctor Marcelo Reguero señaló que “estos depósitos ricos y únicos en vertebrados del jurásico marinos pertenecen a la época en que la Antártida formaba parte del continente Gondwana y estaba junto a Australia, Nueva Zelanda, India, Madagascar, África y América del Sur”.

La temperatura de los mares era mucho más elevada hace 150 millones de años y el mapa mundial era muy diferente. Según manifestó el doctor José O’Gorman, este plesiosaurio, además de tratarse del primero de su clase en el Jurásico en la Antártida, sirve como evidencia a favor de la posibilidad de la dispersión de estos reptiles por medio de un pasaje que existía entre África y la Antártida, que en ese momento recién se habían separado.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Homenaje en el Museo de Dinosaurios

Reale Seguros dona una pieza al Museo de Dinosaurios  como homenaje al salense Ángel Santiago Bengoechea.

Momento del Acto homenaje en el Museo de Dinosaurios. Foto: FD.
El Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes -Burgos- fue el escenario propicio durante el fin de semana pasado para la celebración de un homenaje a un salense muy querido por sus convecinos: Ángel Santiago Bengoechea Molinero, fallecido en 2016. Ángel fue un defensor incansable del valor patrimonial que representaban para Castilla y León  los hallazgos de fósiles de dinosaurios de la Sierra de la Demanda burgalesa. Esa defensa la realizaba allá donde fuera y para todo aquel que quisiera escucharlo. Uno de los lugares donde compartió su entusiasmo y su compromiso personal con la labor desarrollada por el museo salense fue en REALE Seguros, compañía con la que trabajaba como agente exclusivo; la compañía de seguros promovió hace escasos años la elaboración de réplicas de unas vértebras fósiles de dinosaurio que, procedentes de la comarca serrana, están depositadas en Tubinga (Alemania) desde 1969.

Rhabdodontomorfo. Foto: FD.
Reale Seguros ha querido hacer de esta manera un reconocimiento a su figura,  financiando la instalación de un elemento permanente para la exposición del Museo, para lo cual ha colaborado con la Fundación Dinosaurios CyL. Para ello se ha realizado un diorama que contiene una réplica corpórea, -integrada en su paisaje- de un ornitópodo Rhabdodontomorfo, cuyos fósiles se conservan en el Museo. Se trata de un pequeño dinosaurio de unos 70 cm. de longitud por 30 cm. de altura, y cuyo estudio permitió acercarnos al origen evolutivo de un grupo de dinosaurios que aún oculta varios secretos para la Ciencia. El diorama se puede observar ya en el museo salense y destaca por su alto valor divulgativo, además de ser una pequeña obra artística.


De izda. a drcha.: Torcida, Alberto Bengoechea, Marta Arroyo, Teresa Molinero,

 Montse, Fernando Carpintero, Pedro Bringas. Foto: FD.
Al acto de homenaje, presidido por la Presidenta de la Fundación Dinosaurios CyL Marta Arroyo Ortega, asistieron en representación de Reale Seguros,  Fernando Carpintero (Director Territorial Castilla y León, País Vasco y Cantabria), Pedro Bringas (Director Sucursal Burgos), los gerentes de las Agencias Reale de Salas de los Infantes, Briviesca, Lerma y Burgos, así como todos sus compañeros de la sucursal de Burgos.  
Pedro Bringas expuso su opinión sobre Ángel Bengoechea como “un gran compañero, una excepcional persona y gran profesional, siempre dispuesto a ayudar desde su agencia de seguros”, recordando una frase que le escuchó más de una vez: “los fósiles de  dinosaurios son nuestros orígenes y nuestro futuro”.

Directivos de Reale Seguros con miembros de la familia Bengoechea Molinero.
Foto: FD.
Por su parte, el Director del Museo de Dinosaurios, Fidel Torcida, subrayó el compromiso personal de Ángel Bengoechea con el Museo salense y su defensa constante de él. Torcida añadió algunas notas personales dirigidas a resaltar aspectos relevantes del carácter del homenajeado, y que hicieron de él una persona muy querida por los salenses.

Entre la nutrida asistencia al homenaje, destacaba la de varios familiares de Ángel Bengoechea, como su madre Tere, su hermano Alberto y su viuda, Montse. También acudieron al homenaje salenses que quisieron compartir la emoción del acto y manifestar con su presencia el reconocimiento, el cariño y el recuerdo de su convecino.

LO QUE PODEMOS APRENDER DE LOS ECOSISTEMAS DE HACE 200 MILLONES DE AÑOS

El impacto humano actual y la extinción del Pérmico tienen similitudes que permitirían hallar soluciones a proyectos de conservación.

Así lucían los ecosistemas ecuatoriales 250 millones de años atrás. 
Crédito imagen: Davide Bonadonna.
Hace unos doscientos cincuenta millones de años, antes de la llegada de los dinosaurios, la Tierra estaba plagada de extraños animales, incluidos los primos de aquellos, similares a dragones de Komodo y parientes de mamíferos. Una nueva investigación nos muestra que el ecuador pérmico era a la vez un punto clave literal y figurativo: era, en su mayor parte, un desierto caluroso y ardiente, además de tener una concentración de animales únicos. Aquí era posible encontrar antiguos anfibios del tamaño de un cocodrilo justo al lado de parientes de dinosaurios y cocodrilos recién evolucionados. Muchas de estas especies fueron aniquiladas después de una extinción que cambió la vida en el planeta para siempre.

En un artículo publicado en Earth-Science Reviews, los paleontólogos estudiaron sitios fósiles en todo el mundo desde finales del Pérmico para tener una idea de lo que vivía en estas regiones. Los resultados mostraron que allí habitaban una variedad inusual de especies, una que es comparable a los trópicos modernos, excepto por una gran variedad de reptiles carnívoros que actualmente se verían fuera de lugar.

"Los trópicos actúan como un centro de diversidad; todo lo que se ha extinguido en otros lugares todavía está vivo allí, y hay cosas nuevas que evolucionan – explica Brandon Peecook, coautor del artículo, en un comunicado –. Si bien tiene sentido que las selvas tropicales cálidas y húmedas que vemos ahora tengan una diversidad increíble, parece contradictorio que estos desiertos ardientes y cálidos albergaran una gama excepcional de especies, especialmente porque la diversidad en el ecuador fluctúa tanto históricamente”.

Estos hallazgos sobre el Pérmico tardío plantean la pregunta: ¿Por qué estamos viendo tanta biodiversidad en el ecuador? “El clima pérmico y la distribución de especies – añade Peecook –  en comparación con los eventos modernos, nos muestra que si bien muchos cambios son naturales y los vemos a lo largo de la historia de nuestro planeta, también pueden ser provocados, por ejemplo por la actividad humana. Después de la extinción del Pérmico, casi todos los ecosistemas tuvieron que reconstruirse. Este evento alteró la vida de forma permanente y mientras los nuevos animales evolucionaron y prosperaron, el proceso de recuperación tomó millones de años, y los animales que se perdieron nunca regresaron. Si queremos saber cómo funcionan los sistemas de la Tierra, qué se espera y qué es lo normal, tenemos que mirar al pasado.  El análisis de lo ocurrido, nos está proporcionando la evidencia que necesitamos para medir y minimizar nuestro impacto sobre el clima, previniendo un daño permanente a los ecosistemas del planeta”.


Los fósiles más antiguos indican que la vida en el Universo es común

Un nuevo examen de los microorganismos fósiles más antiguos conocidos proporciona fuerte evidencia para apoyar una comprensión cada vez más extendida de que la vida en el Universo es común.   

J. WILLIAM SCHOPF/UCLA
Investigadores de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) y la Universidad de Wisconsin-Madison, Estados Unidos, han confirmado que los fósiles microscópicos descubiertos en una roca de casi 3.500 millones de años en el oeste de Australia son los fósiles más antiguos encontrados y, de hecho, la evidencia directa más temprana de vida en la Tierra. 

El estudio, publicado en 'Proceedings of the National Academy of Sciences', fue dirigido por J. William Schopf, profesor de Paleobiología en UCLA, y John W. Valley, profesor de Geociencia en la Universidad de Wisconsin-Madison. La investigación se basó en nueva tecnología y experiencia científica desarrollada por científicos del Laboratorio WiscSIMS de UW-Madison. 

El trabajo describe once especímenes microbianos de cinco taxones separados, vinculando sus morfologías a las firmas químicas que son características de la vida. Algunos representan bacterias y microbios ahora extintos de un dominio de la vida llamado 'Archaea', mientras que otros son similares a las especies microbianas que aún se encuentran en la actualidad. Los hallazgos también sugieren cómo cada uno puede haber sobrevivido en un planeta libre de oxígeno.

Los microfósiles, llamados así porque no son evidentes a simple vista, fueron descritos por primera vez en la revista 'Science' en 1993 por Schopf y su equipo, que los identificaron basándose principalmente en las formas únicas, cilíndricas y filamentosas de los fósiles. Schopf, director del Centro para el Estudio de la Evolución y el Origen de la Vida de la UCLA, publicó más evidencia de apoyo a sus identidades biológicas en 2002.

Este experto recogió la roca en la que se encontraron los fósiles en 1982 del depósito de sílex Apex de Australia Occidental, uno de los pocos lugares del planeta donde se ha conservado la evidencia geológica de la Tierra primitiva, en gran parte porque no ha sido sometida a procesos geológicos que lo hayan alterado, como su entierro y calentamiento extremo debido a la actividad tectónica de placas.

Pero las interpretaciones anteriores de Schopf han sido disputadas. Los críticos argumentaron que son solo minerales extraños que parecen especímenes biológicos. Sin embargo, dice Valley, los nuevos hallazgos dejan estas dudas de lado; los microfósiles son de hecho biológicos. "Creo que está arreglado", dice en un comunicado.

Utilizando un espectrómetro de masa de iones secundario (SIMS, por sus siglas en inglés) en UW-Madison llamado IMS 1280, uno de los pocos instrumentos de este tipo en el mundo, Valley y su equipo, incluidos los geocientíficos del Departamento Kouki Kitajima y Michael Spicuzza, pudieron separar el carbono que compone cada fósil en sus isótopos constituyentes y medir sus proporciones.

UN GRUPO PRIMITIVO, PERO DIVERSO DE ORGANISMOS   

Los isótopos son versiones diferentes del mismo elemento químico que varían en sus masas y las distintas sustancias orgánicas, ya sea en roca, microbio o animal, contienen proporciones características de sus isótopos estables de carbono. Utilizando SIMS, el equipo pudo separar el carbono 12 del carbono 13 dentro de cada fósil y medir la relación de los dos en comparación con un estándar de isótopo de carbono conocido y una sección de la roca sin fósiles en donde fueron hallados. 

 "Las diferencias en las proporciones de isótopos de carbono se correlacionan con sus formas --explica Valley--. Si no son biológicos, no hay razón para tal correlación. Sus proporciones C-13 a C-12 son características de la biología y la función metabólica". Con esta información, los investigadores también pudieron asignar identidades y probables comportamientos fisiológicos a los fósiles encerrados dentro de la roca. Los resultados muestran que " son un grupo primitivo, pero diverso de organismos”, afirma Schopf.

El equipo identificó un complejo grupo de microbios: bacterias fotótrofas que habrían dependido del sol para producir energía, arqueas que producían metano y gammaproteobacterias que consumían metano, un gas que se cree es un constituyente importante de la atmósfera primitiva de la Tierra antes de que el oxígeno estuviera presente

El equipo de Valley tardó casi diez años en desarrollar los procesos para analizar con precisión los microfósiles: fósiles tan antiguos y raros que nunca antes habían sido sometidos a análisis SIMS. El estudio se basa en logros anteriores en WiscSIMS para modificar el instrumento SIMS, desarrollar protocolos para la preparación y el análisis de muestras y calibrar los estándares necesarios para unir lo más posible el contenido de hidrocarburos a las muestras de interés.

A la hora de preparar el análisis SIMS, el equipo necesitó pulir minuciosamente la muestra original lo más lentamente posible para exponer los delicados fósiles en sí mismos, todos suspendidos en diferentes niveles dentro de la roca y envueltos en una capa dura de cuarzo, sin destruirlos realmente. Spicuzza describe innumerables viajes arriba y abajo de las escaleras en el departamento como técnico en Geociencias en 'Brian Hess' para rectificar y pulir cada microfósil en la muestra, un micrómetro cada vez. Cada microfósil tiene unos diez micrómetros de ancho; ocho de ellos podrían caber en lo ancho de un cabello humano.   

Valley y Schopf son parte del Consorcio de Investigación de Astrobiología de Wisconsin, financiado por el Instituto de Astrobiología de la NASA, que existe para estudiar y comprender los orígenes, el futuro y la naturaleza de la vida en la Tierra y en todo el universo. Estudios como éste, según Schopf, indican que la vida podría ser común en todo el Universo.

Pero es más importante, aquí en la Tierra, debido a que se demostró que varios tipos diferentes de microbios ya estaban presentes hace 3.500 millones de años, lo que nos dice que "la vida tuvo que haber comenzado mucho antes --nadie sabe cuánto antes-- y confirma que "no es difícil para la vida primitiva formarse y evolucionar hacia microorganismos más avanzados", según Schopf.

Estudios anteriores de Valley y su equipo, que datan de 2001, han demostrado que los océanos de agua líquida existían en la Tierra hace 4.300 millones de años, más que 800 millones de años antes de que los fósiles de este nuevo estudio hubieran estado vivos, y solo 250 millones de años después de la formación de la Tierra. "No tenemos evidencia directa de que la vida existió hace 4.300 millones de años, pero no hay ninguna razón por la que no podría haberlo hecho. --señala Valley--. Esto es algo que a todos nos gustaría descubrir”.

sábado, 16 de diciembre de 2017

FALLADO EL XII CONCURSO DE TARJETAS NAVIDEÑAS 'LOS DINOSAURIOS Y LA NAVIDAD' 2017

Fundación Àuria de Igualada (Barcelona), Fundación Aspanias Burgos y Aspace Salamanca, ganadoras de la edición de este año

El Concurso nacional de tarjetas navideñas “Los Dinosaurios y la Navidad” para personas con discapacidad intelectual o del desarrollo ha llegado este año a la edición número doce. Al certamen se han presentado 120 tarjetas pintadas por personas con discapacidad intelectual de organizaciones sociales que trabajan en distintos territorios de España.

Los miembros del jurado han valorado de las postales ganadoras “la originalidad de los dibujos, los materiales empleados, la limpieza de la composición y la armonía” a la hora de conjugar dos mundos sin relación aparente entre sí como los que representan los Dinosaurios y la Navidad. Tras el fallo del concurso, los miembros del jurado han felicitado a todos los concursantes por la originalidad y animación de las tarjetas presentadas.

PREMIOS, PREMIADOS, JURADO Y ENTREGA

PRIMER PREMIO (individual). Lluis Bilbeny, por su tarjeta titulada “Dinosaurio y Regalos”. El ganador es usuario de la Fundación Àuria, de Igualada, Barcelona. Su tarjeta será la felicitación institucional navideña de la Fundación Dinosaurios de Castilla y León. Este premio recibirá un lote de productos del Museo de Dinosaurios (Salas de los Infantes, Burgos).     
SEGUNDO PREMIO (individual). Goyo Alonso Vadillo (usuario del Centro de personas mayores con discapacidad intelectual Fuentecillasde la Fundación Aspanias Burgos-Plena inclusión Castilla y León), por su tarjeta titulada “Todos al portal”. Goyo es usuario del Centro de personas para discapacidad intelectual y envejecimiento prematuro Fuentecillas, de la Fundación Aspanias Burgos. Su tarjeta será la felicitación institucional navideña de la Fundación Aspanias Burgos. Este premio también recibirá un lote de productos del Museo de Dinosaurios.     

TERCER  PREMIO (individual). Jorge Lozano  (del Centro de Educación y Formación Puentesaúco, de la Fundación Aspanias Burgos- Plena inclusión Castilla y León), “Sin título”. Jorge es usuario del Centro de Educación y Formación Puentesaúco, de la Fundación Aspanias Burgos. El premio a su tarjeta también consiste en un lote de productos del Museo de Dinosaurios (Salas de los Infantes, Burgos).    

PRIMER  PREMIO (grupal). Alberto Santiago de Prada, Agustín Ángel Vicente Hernández y Radi Dimitrov Radev, por su tarjeta titulada “Papá Dino y el trineo”. Los tres ganadores son usuarios del Centro Asistencial y de Rehabilitación Entrecaminos dependiente de ASPACE- Salamanca. El premio consiste en un lote de productos del Museo de Dinosaurios (Salas de los Infantes, Burgos).    

EL JURADO. Este año ha estado compuesto por los presidentes de las fundaciones promotoras del certamen Marta Arroyo (Fundación Dinosaurios de Castilla y León) y Miguel Patón (Fundación Aspanias Burgos); el pintor burgalés Gerardo Ibáñez; y dos representantes del colectivo social, Reyes Santos (educadora social y trabajadora de Aspanias)  y Elena Molina (jubilada con discapacidad y usuaria del Proyecto Puentes para personas jubiladas de Aspanias Burgos).

LA ENTREGA DE PREMIOS. Tendrá lugar el lunes 18 de diciembre de 2017, en el transcurso del Festival de Navidad de Aspanias 2017, que tendrá lugar Cultural Caja de Burgos (Avenida de Cantabria, nº 3. Burgos).

viernes, 15 de diciembre de 2017

Primer fósil de plesiosaurio del Triásico

Paleontólogos han descubierto un fósil único de plesiosaurio de la primera parte del período Triásico, con aproximadamente 201 millones de años, el más antiguo conocido.   

GEORG OLESCHINSKI
Los plesiosaurios fueron nadadores especialmente efectivos. Estos "saurios de pala" extintos hace mucho tiempo se propulsaban a través de los océanos mediante el empleo de "vuelo submarino", al igual que las tortugas marinas y los pingüinos.

Tenían cabezas pequeñas y cuellos largos y aerodinámicos. Sus robustos cuerpos tenían fuertes músculos para mantener esas palas en movimiento. Comparado con otros reptiles marinos, la cola era corta, ya que solo se usaba para la dirección. Este diseño evolutivo fue muy exitoso, pero curiosamente no volvió a evolucionar después de la extinción de los plesiosaurios, según Martin Sander del Instituto Steinmann de Geología, Mineralogía y Paleontología de la Universidad de Bonn.

Los saurios de pala extintos podrían haber resistido fácilmente contra los animales acuáticos de hoy en día. Mientras que las tortugas marinas principalmente utilizan sus extremidades anteriores fuertes para la propulsión, los plesiosaurios movieron las cuatro extremidades juntas, lo que resultaba en un poderoso impulso. Sin embargo, estos antiguos animales no tenían una concha como las tortugas. 

El coleccionista privado Michael Mertens descubrió un espécimen excepcional durante las operaciones de cantera en un pozo de arcilla en Westfalia, Alemania, en 2013. La evaluación posterior por el LWL-Museum für Naturkunde en Münster, Alemania, reveló que el hallazgo representa un reptil marino del Triásico, el período anterior al Jurásico. Esta noticia llegó al profesor Sander de la Universidad de Bonn durante un año sabático en Los Ángeles. "No podía creer que hubiera un plesiosaurio del Triásico, dado que estos animales habían sido estudiados por paleontólogos durante casi 300 años, y nunca hubo uno más antiguo que el Jurásico", dijo Sander. El estudio se publica en Science Advances.   

La investigación detallada por la estudiante Tanja Wintrich del Instituto Steinmann de la Universidad de Bonn reveló que el hallazgo representa el plesiosaurio más antiguo, a una edad de aproximadamente 201 millones de años, lo que lo convierte en el único esqueleto de plesiosaurio del período Triásico.

La longitud reconstruida del esqueleto es de 237 centímetros "Estamos viendo un plesiosaurio relativamente pequeño ", dice Wintrich. Los científicos otorgaron el nombre Rhaeticosaurus mertensi a este único fósil. La primera parte del nombre se refiere a su edad geológica (rético) y la segunda parte honra al descubridor. Junto con científicos del Museo de Historia Natural de Osaka, la Universidad de Osaka, la Universidad de Tokio y el Museo de Historia Natural de París, el equipo de Bonn estudió una muestra de hueso. Primero, examinaron el interior del hueso mediante tomografía computarizada y luego cortaron secciones delgadas para el estudio microscópico de partes especialmente prometedoras del hueso.   

En base a las marcas de crecimiento en los huesos, los investigadores reconocieron que Rhaeticosaurus era un joven de rápido crecimiento. Compararon las secciones delgadas con las de plesiosaurios jóvenes del Jurásico y el Cretácico. "Los plesiosaurios aparentemente crecieron extremadamente rápido antes de alcanzar la madurez sexual", dice Sander. Los paleontólogos interpretan esto como una clara indicación de que los plesiosaurios eran de sangre caliente.   

Dado que los plesiosaurios se propagaron rápidamente por todo el mundo, "debieron haber sido capaces de regular la temperatura de su cuerpo para poder invadir las partes más frías del océano", dice el paleontólogo. Debido a su sangre caliente y su locomoción eficiente, los plesiosaurios fueron extremadamente exitosos y extendidos, hasta que desaparecieron de la faz de la tierra. Sander dice: "Al final del Cretáceo, un impacto de meteorito junto con erupciones volcánicas conducen a un colapso del ecosistema, del cual los plesiosaurios fueron víctimas prominentes".

jueves, 14 de diciembre de 2017

Fósiles huérfanos, reunidos con sus padres 500 millones de años después

Un grupo de fósiles huérfanos han estado separados de sus padres desde el comienzo de la evolución animal, hace más de 500 millones de años.   

Imagen de un Pseudooides. Foto: Universidad de Bristol
Durante décadas, los paleontólogos han estado desconcertados por fósiles microscópicos de 'Pseudooides', que son más pequeños que los granos de arena. La semejanza de los fósiles con los embriones animales inspiró su nombre, que significa "huevo falso". 

Los fósiles preservan etapas de desarrollo embrionario congeladas en el tiempo por procesos milagrosos de fosilización, que convirtieron sus células blandas en piedra. Los fósiles de 'Pseudooides' tienen una cintura segmentada como los embriones de animales segmentados, como los insectos, que inspiran grandes teorías sobre cómo los animales segmentados complejos pueden haber evolucionado.

Un equipo de paleontólogos de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Bristol, en Reino Unido, y la Universidad de Pekín, en China, ha analizado el interior de los embriones de 'Pseudooides' utilizando rayos X y han encontrado características que los vinculan a las etapas adultas de otro grupo fósil. Resulta que estas etapas adultas han estado justo debajo de las narices de los científicos todo el tiempo: se han encontrado hace mucho tiempo en las mismas rocas que los ‘Pseudooides’.

Sorprendentemente, estos miembros de la familia perdidos hace mucho tiempo no son animales complejos y segmentados, sino antepasados de las medusas modernas. "Parece que, al tratar de clasificar estos fósiles, hemos estado escarbando hasta la rama incorrecta del árbol genealógico de los animales", afirma la doctora Kelly Vargas, de la Universidad de Bristol.

El profesor Philip Donoghue, también de la Universidad de Bristol, codirigió la investigación con el profesor Xiping Dong, de la Universidad de Pekín. El profesor Donoghue agrega en un comunicado: "No podríamos haber reunido a estos antiguos miembros de la familia sin la asombrosa tecnología que nos permitió ver dentro de los cuerpos fosilizados de los embriones y los adultos".

INFORMACIÓN SOBRE LA EVOLUCIÓN DE LA EMBRIOLOGÍA ANIMAL
   
El equipo utilizó 'Swiss Light Source', un acelerador de partículas gigantesco cerca de Zurich, Suiza, para suministrar los rayos X utilizados para obtener imágenes del interior de los fósiles. Esto demostró que los detalles de la segmentación en los embriones 'Pseudooides' no son más que el borde doblado de una abertura, que se desarrolló en el borde del esqueleto en forma de cono que una vez albergó la etapa similar a una anémona en el ciclo de vida de la antigua medusa.   

Luis Porras, quien ayudó a hacer el descubrimiento mientras todavía estudiaba en la Universidad de Bristol, señala que los fósiles de 'Pseudooides' pueden no revelar cómo evolucionaron los animales complejos, pero proporcionan información sobre cómo ha evolucionado la propia embriología de los animales. Los embriones de las medusas vivientes, por lo general, se convierten en extrañas larvas extraterrestres que se metamorfosean en adultos anémicos antes de la fase final de las medusas".   

"Los 'Pseudooides' hacían las cosas de manera diferente y más eficiente, desarrollándose directamente de embrión a adulto. Tal vez las medusas vivientes son una referencia pobre de los animales ancestrales", agrega el profesor Luis Porras.

Por su parte, Donoghue sostiene que "las medusas se componen de poco más que sustancia viscosa y, sin embargo, se petrificaron antes de que tuvieran alguna posibilidad de pudrirse: un mecanismo que algunos científicos llaman el 'efecto Medusa', bautizado así por la gorgona de la mitología griega que convertía en piedra a cualquiera que posaba sus ojos sobre ella".

El equipo de Bristol todavía está buscando restos fósiles de las otras fases del ciclo de vida de 'Pseudooides', incluida la etapa 'viscosa' de la medusa. Sin embargo, los fósiles de medusas son pocos y distantes entre sí, quizás irónicamente porque el 'efecto Medusa' no parece funcionar en ellos. Mientras tanto, los embriones de 'Pseudooides' se han reunido con sus homólogos adultos.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Los dinosaurios ya tenían garrapatas

Hallan uno de estos parásitos agarrado a una pluma de saurio en ámbar de hace 99 millones de años


Encontrar algo tan frágil como una pluma de un dinosaurio que vivió hace casi 100 millones de años no debe ser fácil. Tampoco debe ser habitual hallar una pequeña garrapata conservada durante ese inmenso espacio de tiempo. Pero encontrarla agarrada a una de estas plumas atrapada en ámbar de hace 99 millones sería un milagro si no fuera porque esa palabra no tiene sentido en la ciencia. Es lo que ha hecho un grupo de investigadores, entre ellos varios españoles, que ha localizado, identificado y caracterizado varias de las garrapatas más antiguas encontradas hasta ahora. 

La pluma atrapada en el ámbar y, arriba, detalle de la garrapata.
 NATURE COMMUNICATIONS/EPV
"Los dinosaurios, con huesos grandes y duros, es fácil que fosilicen", dice el paleontólogo del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), Enrique Peñalver. En los últimos años, además, se han ido encontrando fósiles confirmando que un amplio grupo de dinosaurios tenía plumas y hasta coloridas alas. "Las garrapatas, en cambio, no son muy duras. Todas las que se han encontrado están en ámbar. Así que donde no hubo ámbar no hay registro fósil de garrapatas", añade Peñalver, principal autor de la investigación que, por primera vez, las ha encontrado junto a restos de su víctima.

Pluma y garrapata se encuentran atrapadas en una pequeña pieza de ámbar encontrada en el norte de Myanmar y cedida por un coleccionista privado al Museo Americano de Historia Natural (EE UU). Fue allí donde uno de los conservadores del museo y también coautor de la investigación, Paul Nascimbene, localizó lo que creyó podía ser una garrapata. Nascimbene contactó con el equipo de Peñalver y el profesor de la Universitat de Barcelona Xavier Delclòs, que se encuentran entre los principales expertos en fósiles capturados en ámbar.
A excepción de otro ejemplar hallado en ámbar español, son las garrapatas más antiguas hasta ahora
La investigación, publicada en Nature Communications, ha datado el ámbar birmano en pleno Cretácico, en torno a hace 99 millones de años. Este periodo, posterior al Jurásico, acabó hace unos 65 millones de años, con el evento de una extinción masiva provocada, probablemente, por el impacto de un meteorito o asteroide contra el planeta. Tal datación supone la evidencia directa más antigua del parasitismo de los dinosaurios por parte de las garrapatas. El ejemplar, identificado como una garrapata dura, pertenece a la especie Cornupalpatum burmanicum. Si se exceptúa a un ejemplar aún no caracterizado atrapado en un ámbar español, se trata de la garrapata más antigua encontrada.

Sin embargo, comenta Peñalver, "si consiguieras extraerla del ámbar y devolverla a la vida y se la dieras a un especialista en garrapatas, en absoluto sospecharía que este animal vivía hace casi 100 millones de años". Aunque esta especie en sí se extinguió hace mucho tiempo, su linaje sigue existiendo hoy en uno de los tres grupos de este ectoparásito que existen en la actualidad.

Los investigadores identificaron y caracterizaron otras cuatro garrapatas de una especie desconocida hasta ahora, a la que han bautizado como Deinocroton draculi. Las cuatro se encuentran en ámbar también de origen birmano, incluso dos de ellas, un macho y una hembra, están fosilizadas en la misma pieza. En estos casos, aquel linaje no ha llegado hasta nuestros días. Aunque no tienen una evidencia tan directa como la de la garrapata agarrada a la pluma, los autores del estudio han encontrado pistas que indicarían que también parasitaban a los dinosaurios emplumados.

Una de esas pistas son las marcas en su abdomen de larvas de un escarabajo que aún hoy se encuentran en los nidos de las actuales aves. Pero la posibilidad de que sus víctimas fueran ya aves como las actuales está descartada: no aparecieron hasta 25 millones de años después de la fecha del ámbar. "Sabemos que era un dinosaurio emplumado, pero desconocemos si volaba o no", afirma el investigador del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford (Reino Unido) y coautor del, el español Ricardo Pérez de la Fuente.

El ámbar, que procede de una resina vegetal producida por coníferas y unas pocas plantas más, es la máquina del tiempo que más gusta a los paleontólogos. Como explica Pérez de la Fuente, "no solo captura organismos casi de forma instantánea, conserva para siempre las interacciones entre ellos". Es el caso de la pluma y la garrapata de este estudio o los insectos atrapados en ámbar español con el polen recién recolectado aún en sus patas.

También es el caso de una de las garrapatas nuevas identificadas ahora. Murió bien cebada. Por el volumen de su abdomen, 8,5 veces más que el de las otras, debió de caer en la resina justo al descolgarse rebosante de la sangre de su víctima. Por desgracia, la ciencia no ha avanzado lo suficiente para, como se fantaseaba en Parque Jurásico, poder abrir ese ámbar y extraer el ADN del dinosaurio al que había picado la garrapata.